¿TE ESTÁ PERJUDICANDO EL EXCESO DE PERFECCIONISMO? LA FALACIA DEL NIRVANA

El exceso de perfeccionismo puede llegar a tener efectos devastadores para tu efectividad personal.

¿Cuántas horas dedicas a pulir tu trabajo más y más, sin llegar a alcanzar nunca ese nivel de perfección que deseas? ¿Cuántas de esas horas podrías dedicarlas a otras tareas que, probablemente, contribuirían en mayor medida a lograr tus objetivos?

Vamos a hablar hoy de ese exceso de perfeccionismo, de lo perjudicial que es y de cómo detectarlo y controlarlo.

Exceso de perfeccionismo

La falacia del Nirvana

El economista Harold Demsetz acuñó el término “Falacia del Nirvana” para referirse a la creencia errónea de que existen soluciones perfectas a los problemas, de modo que la búsqueda de una solución ideal impide ver la bondad de las soluciones reales e imperfectas.

Y el caso es que la solución perfecta no existe. La perfección al 100% es inverosímil (excepto quizá en un tomate de la huerta con sal Maldon y aceite de oliva virgen). Ese Nirvana no va a ser posible, puesto que cuando llegues a él surgirá algo que lo hará imperfecto y dejará de ser el Nirvana.

La solución perfecta no existe, no te paralices #coaching #arquitectos Clic para tuitear

¿Conoces la serie Mad Men? El publicista Don Draper, nos dice en uno de los capítulos algo así: “¿Qué es la felicidad? Es el momento justo antes de necesitar más felicidad”.

Pensar en los términos de la falacia del Nirvana implica un exceso de perfeccionismo que acaba resultando perjudicial. Además de la típica respuesta a una no menos típica pregunta de entrevista de trabajo (¿Cuál es tu peor defecto?), el exceso de perfeccionismo es un verdadero problema.

Ya lo decía Voltaire. Lo mejor es enemigo de lo bueno.

Problemas del exceso de perfeccionismo

         Pérdida de efectividad

El exceso de perfeccionismo nos lleva a un gasto de energía y tiempo (y recursos en general) que seguramente nos resultarían más rentables aplicados a otras tareas.

El principio de Pareto nos dice que el 80% de nuestros resultados lo obtenemos con el 20% de nuestro esfuerzo. Es fácil deducir que para mejorar ese 80% nuestro esfuerzo tiene que aumentar de manera significativa.

En este artículo sobre efectividad personal de un arquitecto hablábamos de lo que significa la eficiencia (hacer las cosas bien) y la eficacia (dedicarnos a las cosas correctas), y de cómo un adecuado equilibrio entre ambas nos lleva a lograr la máxima efectividad resultante.

El exceso de perfeccionismo implica un problema de eficacia, ya que cuando nos empecinamos en incidir sobre algo que ya es suficientemente bueno no estamos eligiendo correctamente qué cosas hacer (entendidas como aquéllas que más nos acercan a nuestros objetivos).

Además, estaremos aplicando toda nuestra eficiencia precisamente a cosas que no son necesarias.

En resumen, estaremos haciendo muy bien cosas que no necesitamos hacer. Nuestra efectividad caerá en picado.

Si estás haciendo muy bien cosas que no necesitas hacer tienes un problema #coaching #arquitectos Clic para tuitear

         Descarte de buenas soluciones

Por otro lado, bajo esta forma de pensamiento es fácil atacar cualquier solución que se le dé a un problema, ya que nunca será “perfecta”.

Eso nos lleva a despreciar soluciones que a veces son, incluso, muy buenas.

El exceso de perfeccionismo es también una venda en los ojos de la creatividad. Es difícil imaginar cosas nuevas que vengan con la etiqueta de “perfectas”, así que un exceso de perfeccionismo nos hará descartarlas. Nos iremos cerrando a lo nuevo.

El colmo de todo esto es la parálisis. Como soy incapaz de encontrar la solución perfecta y todas las demás me parecen malas, no hago nada.

El guasón de Gioachino Rossini dijo que “La música de Wagner tiene momentos sublimes mezclados con cuartos de hora espantosos”. Es una boutade, pero no deja de ser parcialmente cierta en el sentido de que en las óperas de Wagner hay cumbres y valles. Pero ambos son necesarios.

Si Wagner (que por cierto era un perfeccionista nato) no hubiese aceptado algo de imperfección en su obra, probablemente ahora no podríamos escuchar un Tristán. Sibelius, por ejemplo, quemó muchos manuscritos propios al considerar que no eran suficientemente perfectos.

Y esa es otra discusión que queda abierta. Si no hubiera valles, ¿cómo reconoceríamos las cumbres?

El exceso de perfeccionismo y la Falacia del Nirvana

¿Cuándo el perfeccionismo es excesivo?

En mi experiencia, los arquitectos somos muy dados al exceso de perfeccionismo. Yo lo sufrí durante bastante tiempo.

Esos proyectos que nunca se acaban, porque siempre piensas que los puedes mejorar. Esa duda permanente buscando la solución ideal. Esos cambios sobre una solución que ya es muy buena, pero que se puede “pulir”.

Y ojo, que en arquitectura los cambios no son gratis: muchas veces nos pueden llevar a replantear el proyecto entero.

¿Cuándo parar? ¿Cuándo es el momento óptimo? Difícil.

El nivel de calidad de un proyecto no se puede medir así como así. No existe un calidómetro. Hay otro tipo de tareas en las que es igualmente complicado determinar cuándo parar.

Es importante no perder de vista el objetivo. Y, claro está, definir un objetivo realista (la perfección no lo es). En el momento en que hayamos cumplido los objetivos, el margen de mejora se reducirá y nuestra efectividad empezará a caer. ¿Hay que parar en ese punto? Depende.

Depende del objetivo de cada uno. Cada persona se pone el listón a una altura (aunque insisto, sin intentar llegar a la perfección). Depende también de las exigencias externas respecto a ese trabajo y de algunos otros factores.

Por ejemplo, no es igualmente dañino dedicar mucho tiempo a mejorar algo que ya está muy bien si tenemos una enorme cola de tareas pendientes o si no tenemos nada que hacer.

Como siempre en estas cosas, hay muchos “dependes”.

Y además, nadie nos obliga a encontrar el punto óptimo exacto. No hay que obsesionarse. A ver si vamos a caer en el exceso de perfeccionismo al huir del exceso de perfeccionismo (sería como una Falacia del Nirvana del Antinirvana).

Eso sí, intentemos que el perfeccionismo no nos perjudique. Mantengámonos en unos parámetros de efectividad adecuados.

¿Pero tú no hablas siempre de mejora continua?

Así es, soy un firme defensor de la mejora continua. Pero eso es otra cosa.

No confundas mejora continua con exceso de perfeccionismo #coaching #arquitectos Clic para tuitear

Significa hacer las cosas lo mejor posible y mejorar algo cada día, poco a poco. Pero el exceso de perfeccionismo no es hacer las cosas lo mejor posible. Es hacer las cosas mal.

El espíritu de mejora continua no te paraliza, ni te impide sacar adelante las cosas con efectividad, ni te hace despreciar soluciones buenas. Mejorar paso a paso te hace estar contento con cada uno de esos pasos y disfrutar de cada pequeño logro.

Lo opuesto a estar ansioso por no poder alcanzar un estado de perfección ideal.

Y atención, porque esto es aplicable a casi cualquier ámbito de la vida, no sólo al desempeño profesional. Al final, el exceso de perfeccionismo puede aparecer cuando se trata de resolver problemas o dar solución a situaciones, y esto nos llega a suceder en muchos casos.

¿Cuántas veces hemos oído eso de “tu media naranja”, una especie de ser ideal único con el cual deberías emparejarte a toda prisa porque no hay otro igual? ¿No es eso un ejemplo de falacia del Nirvana?

Perfeccionismo social

Pues sí, es inmediato hablar de perfeccionismo social por todo lo que nos rodea.

Cuando nos dicen que debemos horrorizarnos si tenemos una pata de gallo (me refiero a una arruga, no a las del sketch de Martes y Trece), también hablamos de exceso de perfeccionismo.

Sin embargo, existen modos diferentes de ver las cosas.

En China, si te pones a hacer Taichi en un parque, descubrirás detrás de ti a decenas de personas intentado imitarte, aunque no tengan ni idea. No les preocupa hacerlo perfecto.

Tal vez has oído hablar del Wabi-sabi, concepto estético japonés que, entre otras cosas, propugna la capacidad de ver la belleza en la imperfección.

El Kintsukuroi es una técnica para rellenar las grietas en la cerámica a base de pasta mezclada con polvo de oro. No sólo aceptar la imperfección de esas “arrugas” de la cerámica, sino enfatizarlas como un elemento valioso.

¿Y las metodologías ágiles? ¿No tratan de eliminar el bloqueo que produce intentar estar en un estado continuo de perfección?

Todos éstos son casos que darían para varios artículos. Sin embargo, tú sí puedes en tu vida diaria detectar y controlar el exceso de perfeccionismo. Tu efectividad lo agradecerá, y con ello tu bienestar y satisfacción.

Tienes mucha más información, posts, recursos y herramientas para mejorar tu desempeño en la categoría DESARROLLO PERSONAL DEL ARQUITECTO.

¿Y tú? ¿Crees que a veces te pasas de perfeccionista? ¿Consigues dedicarte a lo que realmente te acerca a tus objetivos? ¿Derrochas tiempo y energía en tareas que te aportan poco valor de cara a tus resultados?

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Gracias por leerme. Que tengas un buen día.

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8 comentarios en “¿TE ESTÁ PERJUDICANDO EL EXCESO DE PERFECCIONISMO? LA FALACIA DEL NIRVANA”

  1. Muy útil y real el artículo. Me parece muy acertado que se toque este tema que creo que muchos Arquitectos sufrimos y que viene provocado por la formación que recibimos, tan mejorable en muchos aspectos. Reconocerlo es el primer paso para poner remedio a esta mala práctica y mejorar la eficiencia de nuestra trabajo por lo que no debemos caer en el error de pensar que asumiendo este hecho va a caer la calidad de nuestro trabajo sino todo lo contrario.

    • Hola, Cristina. Gracias por tu comentario.

      Efectivamente, la calidad de nuestro trabajo no tiene por qué caer, al contrario. Todo está en saber en qué aspectos utilizar nuestros recursos, y con eso seguramente los resultados serán mejores.

      ¡Un saludo!

  2. Buenísima reflexión. Enhorabuena pro el enfoque y desnudar la realidad de nuestros defectos para mejorar.
    Pd la feleicidad es tambien cuando subes la escalera par ver a la novia, … oantes de enseñar el trabajoal cliente. Luego se vuelve a la tierra.

  3. Hola Joan,
    Como es habitual, enhorabuena por otro muy buen artículo y de gran utilidad.
    Uno de mis primeros managers me enseñó la diferencia entre lo bueno y lo mejor, con una versión de lo que mucho antes dijo Voltaire. Son de esos aprendizajes que dejan huella.
    Llevado al campo de indicadores de satisfacción del cliente, ya en la carrera, nos indican que el coste del 100% de nivel nivel de servicio tiende al infinito
    Gracias por difundir.

    • Hola, Abel.

      Una valiosa experiencia, sí señor.

      Efectivamente, no hay que confundir la excelencia en el servicio con la perfección inalcanzable.

      Gracias por pasarte. 🙂

      Un saludo.

  4. Buen dia Joan.

    Gracias por el articulo. Es verdad yo soy alguien que a veces me veo «puliendo» un detalle que despues se va al traste. Y teniendo varias cosas de verdad importantes que hacer. Siempre es cmo una falta de conciencia más activa y claro esta esfurso para cambiar. Ademas me acuerdo que llegue a decir en una entrevista de trabajo (en la cual quede) cuando me preguntaron de mis defectos. Yo conteste la busqueda de perfeccionismos. No se si quien estaba reclutando tomaria esa respuesta desde este punto de vista de la EFECTIVIDAD.

    Saludos desde Venezuela

    • Hola, Yampier.

      Sí, es necesario ir puliendo el exceso de perfeccionismo y seleccionar mejor a qué dedicamos nuestro tiempo y energía. Seguro que hay tareas que te acercan más a tu objetivo.

      Muchas gracias por comentar. 🙂

      Un saludo.

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